jueves, 7 de abril de 2011
Un amor imposible
Si alguien de quien nos hemos enamorado locamente nos ignora y no sabe apreciarnos… ¡él se lo pierde! No debemos dejar que nuestra autoestima se destruya por alguien así, debemos aprender a confiar más en nosotras mismas, aceptarnos tal como somos (sin cuerpos perfectos u otras falencias). Sólo así aprenderemos a ser felices. Una historia: “Siempre pensé que para lograr el amor tenía que ser una súper mujer llena de virtudes, que debía ser bella, con cuerpo de modelo o de lo contrario nadie se fijaría en mí”. Quien dice esto era una mujer que siente que el amor siempre vivía en su corazón, sólo que no era debidamente correspondida. Un día llegó a su sitio de trabajo un hombre diferente, un hombre especial del que se enamoró locamente tan pronto como le vio. El amor es así, llega cuando menos te lo esperas, y sin saber como, ella se sintió enormemente atraída y enamorada por él. La mujer, ilusionada y enamorada, felizmente le contó a sus amigos y familia acerca del hombre que le quitaba el sueño. Pero no faltó quien la dijese “¿Tú, enamorada? Pero despierta mujer, míralo, es una maravilla de hombre, le llueven las mujeres, ¿cómo crees que podría fijarse él en ti?” Esa fue la respuesta que todos le dieron, directa o indirectamente le decían que estaba siendo una ilusa soñadora, que apuntaba demasiado alto. Por lo general, las mujeres pueden ser muy crueles con las demás mujeres, incluso con sus propias amigas. La decepción entró en aquella mujer enamorada, y empezó a verse y sentir que no valía nada, que era una tonta por soñar con un amor imposible. Pero algo en su corazón pensaba que maravilloso era soñar aunque otros le quitaran esos sueños. Sí, plantó cara y decidió que no permitiría que nadie le quitara esos sueños de amor que ella tenía: Cada día se esforzaba en verse atractiva y en lograr acercarse al hombre de sus sueños, pero se había enamorado de un imposible, era como pretender alcanzar el cielo con la mano. - Llegó la sabiduría a su vida- Un día se levanto con otra mentalidad, ya no lucharía por alguien que ni siquiera la miraba. Sería auténtica, dejaría de buscar cómo llamar la atención del hombre de sus sueños y que tristemente la ignoraba. A partir de ese día no se esforzaría más en demostrar a los demás lo valiosa que era, ya no caería en esos juegos. Decidió que ya había malgastado demasiado tiempo y esfuerzo en hacerse valorar sin resultado alguno, ahora era el momento de sentirse bien consigo misma. Tal vez seguiría locamente enamorada, pero a partir de ahora la prioridad sería su propia felicidad, no el hacerse valorada y apreciada por él. - Nunca más rogaría por un hombre - No rogaría por ningún hombre: Ni en palabras, ni en actitud. Cuando llegó a ese punto, empezó a brillar de otra forma. Se dio cuenta de que era capaz de lograr muchas cosas por si misma sin necesidad de tener un hombre para alcanzarlas. Se enfocó en su trabajo, en su inteligencia, su seguridad en si misma y progresó hasta lo más alto en su profesión. Algo en su interior había cambiado, había aprendido a quererse y a respetarse a si misma. Ya no tenía la actitud rogativa por ningún hombre o trabajo, sino que se mostraba segura en si misma tuviera lo que tuviera, o le faltase lo que le faltase. Prestaba más atención a su alrededor, veía un mundo lleno de posibilidades, y se había dado cuenta de que un hombre, por muy guapo que fuese, no debía hacerla sentir que no valiese nada. Que tal vez ella no tenía la belleza de una súper mujer de la televisión, pero que era respetable y valiosa por si misma. Cuando pierdes el interés, él se levanta.La indiferencia mata. Una vez que ella se mostraba segura en si misma, y que había dejado de preocuparse por cómo le vería aquel hombre con el que soñaba, él comenzó a buscarla. Pero ya era demasiado tarde, ella perdió definitivamente el interés en él, si bien antes él era “demasiado para ella”, ahora ella sería la que tenía claro que no se rebajaría a aceptar un hombre que valora tanto la belleza física como para ignorarla tanto tiempo. Con el tiempo, la belleza exterior de una mujer, se esfuma como la niebla a los primeros rayos del sol. El valor que ella tenía era más fuerte que un cuerpo de modelo, y es algo que no pasa ni se devalúa con los años.