martes, 13 de abril de 2010

AMARSE CON LOS OJOS ABIERTOS.- Jorge Bucay

Quizás la expectativa de felicidad instantánea que solemos endilgarle al vínculo
de pareja, este deseo de exultancia, se deba a un estiramiento ilusorio del
instante de enamoramiento.
Cuando uno se enamora en realidad no ve al otro en su totalidad, sino que el
otro funciona como una pantalla donde el enamorado proyecta sus aspectos
idealizados.
Los sentimientos, a diferencia de las pasiones, son más duraderos y están
anclados a la percepción de la realidad externa. La construcción del amor
empieza cuando puedo ver al que tengo enfrente, cuando descubro al otro.
Es allí cuando el amor reemplaza al enamoramiento.
Pasado ese momento inicial comienzan a salir a la luz las peores partes mías
que también proyecto en él. Amar a alguien es el desafío de deshacer aquellas
proyecciones para relacionarse verdaderamente con el otro. Este
proceso no es fácil, pero es una de las cosas más hermosas que ocurren o que
ayudamos a que ocurran.
Hablamos del amor en el sentido de "que nos importa el bienestar del otro".
Nada más y nada menos. El amor como el bienestar que invade cuerpo y
alma y que se afianza cuando puedo ver al otro sin querer cambiarlo.
Más importante que la manera de ser del otro, importa el bienestar que siento
a su lado y su bienestar al lado mío. El placer de estar con alguien que se
ocupa de que uno esté bien, que percibe lo que necesitamos y disfruta al
dárnoslo, eso hace al amor.
Una pareja es más que una decisión, es algo que ocurre cuando nos sentimos
unidos a otro de una manera diferente. Podría decir que desde el placer de
estar con otro tomamos la decisión de compartir gran parte de nuestra vida
con esa persona y descubrimos el gusto de estar juntos. Aunque es necesario
saber que encontrar un compañero de ruta no es suficiente; también hace falta
que esa persona sea capaz de nutrirnos, como ya dijimos, que de hecho sea
una eficaz ayuda en nuestro crecimiento personal.
Welwood dice que el verdadero amor existe cuando amamos por lo que
sabemos que esa persona puede llegar a ser, no solo por lo que es.
"El enamoramiento es más bien una relación en la cual la otra persona no es
en realidad reconocida como verdaderamente otra, sino más bien sentida e
interpretada como si fuera un doble de uno mismo, quizás en la versión
masculina y eventualmente dotada de rasgos que corresponden a la imagen
idealizada de lo que uno quisiera ser. En el enamoramiento hay un yo me amo
al verme reflejado en vos." Mauricio Abadi.
Enamorarse es amar las coincidencias, y amar es enamorarse de las
diferencias.

LAS FASES DE LA LUNA

Una mujer grande e indómita se deslizaba imperceptible sobre la faz de la tierra durante el día, pero al caer la noche se magnificaba su presencia en el firmamento, ¡resplandecía tan bella y enigmática! Atraído por su inigualable esencia, un hombre de los alrededores se enamoró de ella y empezó a cortejarla. Como pertenecían a orbes diferentes, al principio la mujer era distante y esquiva pues el amor entre ellos era imposible; sin embargo, poco a poco con ternura y cariño él llenó de calor su corazón logrando que le correspondiera. Después nada los detuvo, ni siquiera el tiempo al que ella desafiaba unos instantes para permanecer junto a su amado. Desde entonces el Sol y la Luna pueden verse al mismo tiempo en el cielo.

Así concluía la abuela este viejo relato narrado en mi niñez. Me fascinaba saber que los enamorados habían vencido los obstáculos; sin embargo, mi gran curiosidad insatisfecha me hacía suponer la presencia de algo más que ella no me decía, así pues me veía en la necesidad de preguntar con avidez e impaciencia - ¿y después qué pasó? Entonces, ella con gran sabiduría y una sonrisa en los labios contestaba: -Las historias no tienen fin, siguen creciendo con el tiempo; en este momento ésta se está escribiendo y tú un día sabrás lo que ocurrió. Siendo adulta ya comprendo cuanta razón tenía mi abuela; ahora sé cómo continúa este cuento: después de que los amantes se fundieron en un monumental abrazo luminoso nació la más fabulosa progenie.

En el principio la Luna dio a luz a la primogénita: una claridad sagaz, cuya brillantez la alejaba de lo circundante y la mantenía en una caja de cristal; sin embargo, cuando un ecuánime y tierno huracán llegó, la envolvió para romper su coraza y producir un estruendo único. De manera implícita juraron no separarse en tanto uno viviera en el otro, hasta la fecha siguen unidos en una sola mente mientras sus cuerpos transitan comúnmente entre la muchedumbre.

La segunda amasaba pasteles de realidad fermentada. Un día estático mientras paseaba entre las colinas del imaginario se encontró con su otro yo, quien ascendía en la profundidad del océano. Caminaron juntos como dos extraños, hasta que se vieron a los ojos y sus imágenes como espejos se reflejaron; al reconocerse se disolvieron en un solo movimiento, resultando espuma flotante.

Entonces nació la más parecida a la madre, una luminaria melancólica que nadaba entre nubes y constelaciones. Mientras encestaba estrellas, el hombre más inteligente y gentil de la tierra la vio y quedó enamorado para siempre. Desde ese día se postra a sus pies y con gran ingenio intenta convencerla de su amor. Ella fiel al Cosmos se mantiene lejana e impávida; más, él insiste convencido de que un día descenderá y podrán evaporarse juntos.

Posteriormente llegó una genuina presencia tintineante como la brisa que alisa los cabellos con su alocada serenidad. Felizmente ríe y danza mientras desdeña la retórica, no por soberbia sino por inteligencia y cordura, de esta forma da vida y color al paisaje geométrico de montañas cóncavas y cielos inferiores. Al nacer dejó una estela rosada por todo lo largo del cielo y un náufrago que buscaba caracoles en el universo la siguió para compartirle sus canciones de mar, y convencerla de escribir juntos sus propios cánticos. Ahora todos los días pasean tomados de las manos, cantando y escuchando al caracol, pero aún no deciden cuándo imprimir en papel su primer acorde.

La quinta tristemente se comía las estrellas durante el día. Una vez vio una muy brillante y de grandes picos, con gran apetito la tomó entre sus manos y al morderla le explotó en la boca provocándole una gran felicidad, tan inmensa que la volvió líquida y radiante. Al tiempo que lloraba alegremente las luces salían por sus ojos, manos, mente y corazón, así comenzó a deshacerse. Hoy se derrama día tras día por doquier inundándolo todo a su alrededor.

La siguiente escala diariamente el pentagrama hacia la llave de sol. Siendo todavía muy pequeña desafinó al interpretar su mejor canción, en consecuencia dejó de vocalizar para refugiarse bajo notas discordes. Un día encontró su antigua canción unas vitales partituras doradas y se dio cuenta de que no era su voz quien había desafinado sino la batuta y el atril. Ahora hace escalas finas con el diafragma pues desea orquestar en la sala universal.

La séptima, la luz más brillante y pura sólo permaneció un instante; sin embargo dejó la mejor estela que se ha visto surcar el cielo, con ella alumbra a las almas perdidas que buscan una guía para llegar a su destino. Muchos ríos se abrieron cuando se fue, al principio arrastraban fango y escombros, pero el polvo cósmico de su esencia los está volviendo cada vez más cristalinos. Su nacimiento aún se recuerda y eso ayuda a sobrellevar el vacío que dejó su presencia.

Una más se mece en el horizonte pensando en el arco iris, corre tras él para que le cuente lo que sabe, mas nunca lo alcanza. Hay dos cosas de las que aún no se entera: su persecución es inútil pues ella sabe más que el otro, sin quererlo avanza dentro de sí y la velocidad centrípeta la convertirá en un fuego artificial multicolor como el que busca.

Finalmente nacieron dos, la primera inquieta y curiosa se sorprende diariamente al intentar desentrañar y comprender el cosmos; la otra nació vieja y pocas cosas pueden sorprenderla, pero cuando algo lo logra de tanta felicidad muere en el ocaso con la ilusión de purificarse y renacer entre las cenizas. Ambas formaban una sola entidad al complementarse más nunca se sabe quién toma el timón mientras navegan y naufragan por la Vía Láctea.

Después de presenciar este último alumbramiento comprobé la veracidad y sabiduría en las palabras de la abuela: la historia la escribimos nosotros mismos. Además llegué a la conclusión de que en realidad la vida y la muerte no son tan antagónicas, ni tan difíciles de entender; también comprendí entonces que somos tan efímeros como la eternidad y tan perennes como el segundo.

UPS...

Bien pues no se como comenzar la introducción o darte la bienvenida a mi espacio, jajaja es tan fácil y dificil a la vez comenzar a escribir, solo espero ke te diviertas junto conmigo y aportes comentarios al repecto. Bienvenidooooo...