lunes, 11 de abril de 2011
La hora de limpiar nuestro corazón
La vida está llena de experiencias y vivencias, tanto positivas como negativas. En nuestro corazón se aloja todo cuanto vivimos con pasión, lo bueno y lo malo. A veces las cosas malas que nos han pasado ocupan demasiado sitio en nuestro corazón. Pero hay esperanza, pues al igual que en nuestros hogares, la limpieza y el orden es posible, y nuestro corazón también requiere de dicho cuidado. Si aprendemos a desechar lo malo podremos disfrutar al fin de cada día que vivimos… Hoy empecé limpiando mis papeles y notas, tirando las cosas que no me sirven pero que guardaba quién sabe porqué, cosas de las que me costaba deshacerme pese aparentemente no me aportaban nada. Finalmente me animé a tirarlas y pensando en ello me di cuenta que con nuestra mente y corazón nos ocurre lo mismo: Siempre estamos guardando muchas cosas en nuestro corazón, cosas como el daño que una vez nos hicieron, las veces que tuvimos que recoger los pedazos de nuestro corazón, motivos de lágrimas que mojaron nuestra almohada, noches de insomnio por no poder resolver tareas pendientes, y todo malos sentimientos que guardamos dentro de nosotras mismas… A lo largo de la vida acumulamos innumerables cosas innecesarias o que incluso llegan a ser perjudiciales para nosotras, cosas que no nos dejan ver la luz. Nuestra vida podría llegar a ser mejor si sacamos de ella esas cosas que acumulamos y sólo estorban. A muchas personas les pasa como si cada día algo malo les ocurriese, sufren una pérdida diaria, sienten que los días son grises, y es que no pueden ver más allá de los problemas que tienen porque ya están a tope con todo cuanto les sucede y ha sucedido, durante años han acumulado experiencias negativas, y ya no pueden ver más allá. En momentos así hay que saber detenerse y hacer un balance, empezar a valorar si realmente merece la pena seguir con cargando con esas cosas o si es mejor dejarlas a un lado, tirarlas, desecharlas y empezar de nuevo sin los rencores y frustraciones que no nos permiten seguir o mirar hacia adelante. Cuando tenemos un corazón limpio de buenos sentimientos hay espacio para poder llenarlo de nuevo de amor, de más comprensión y paciencia hacia nuestros seres que nos rodean. Debemos dejar las culpas a un lado si no queremos sentirnos tan miserables en la vida. Hoy mismo es un buen día para cambiar esas actitudes y dar un paso a la felicidad, porque no importa cual injustas puedan ser las cosas que tengamos que estar cargando, sí somos capaces de limpiarnos de las malas actitudes que hemos guardado. Cuando hemos acumulado porquerías en nuestro corazón, todo cuanto nos rodea se ve afectado por ello. Hemos alejado a nuestras amistades, nuestra pareja e incluso nos hemos alejado de Dios. Todo esto lo podemos recuperar, nuestras vidas pueden volver a tener sentido, pueden volver a tener luz… pero hemos de darles cabida a estas cosas, debemos limpiarnos para hacer lugar a las cosas buenas que la vida nos da. Los recuerdos siempre serán parte nuestra, pero hay que mirarlos como lo que son, simplemente “recuerdos”. Es bonito recordar, incluso llorar por las cosas que un día nos hicieron sonreír, se puede vivir con esos sentimientos que siempre ocuparan un espacio en un rincón de nuestro corazón , pero también estando muy claras que sólo son eso: recuerdos. Limpiemos nuestras heridas así como limpiamos nuestro hogar que siempre queremos que se vea limpio y ordenado. Si tienes un lugar en el que puedas estar tranquila escuchando suaves melodías que te den paz, un lugar en el que puedes estar en un silencio que sólo te pertenece a ti, ve a ese lugar y pasa ese tiempo personal contigo misma. Dedícate el tiempo que sea necesario, luego levántate y vuelve con una actitud buena y dispuesta a querer ver la vida a colores. Nuestro cuerpo es como nuestra casa, si la mantenemos en orden, incluyendo nuestros sentimientos, siempre quedará más espacio para llenarlo con lo mejor de nosotras, la amistad, la comprensión, paz, amor, y buenas intenciones. Sólo así lograremos un perfecto equilibrio en nuestra vida. Nunca es bueno guardar los malos sentimientos, sobretodo si te hacen daño, como los celos, la ambición, el egoísmo, las malas actitudes con tus seres amados… saca todo eso y tíralo, que todo quede limpio y dispuesto a recibir lo que Dios con tanto amor nos ha regalado. Entrega amor, compasión y perdón para que seas perdonada por tus faltas. Todas las personas somos imperfectas, todas hemos cometido errores, pero no hay nada que no podamos superar si así lo deseamos. Por esa razón es muy bueno deshacernos de todo, que la maldad no haga su morada en nosotras. ¿No encuentras formas para recuperar tu corazón herido por el amor? Este es el más doloroso de los recuerdos que siempre tenemos con nosotras, sólo vívelo, nadie lo podrá hacer por ti, es un luto que llevará un tiempo, no es fácil querer tirar lo que tanto se amó, pero sí podemos tener ganas de volver a empezar de nuevo con nuestras vidas y con nuestro deseo de que la limpieza llegue también a nuestro interior, quizás un día no muy lejano estés preparada para volver a recibir lo que hoy encuentras imposible. Tú puedes lograrlo, eres una de las mujeres más valientes que ha visitado a esta página y no cualquier cosa te destruirá. Si eres una lectora asidua a Toda Mujer es Bella difícilmente seas la misma mujer que antes de llegar aquí, ahora luchas más por tus derechos, sabes cómo amar y lo haces de manera pausada, paso a paso para que nada te vuelva a hacer sentir tan llena de dolor, Dios sabe darnos vendas de amor por cada dolor que recibimos. Ya te sientes liberada y contenta de volver a empezar de llenarte de cosas positivas que te sumen y que no te resten alegrías, eres una gran mujer y eso te hace el ser más especial y bendecido de Dios, eres una mujer bella por dentro y por fuera, ahora ya puedes mirar el mundo con amor, porque eso eres tú, una mujer hecha de amor. ¡Qué grande eres mujer!
Mirar hacia adentro
Te invito a que por un momento dejes todo lo que estás haciendo, respires llenando tus pulmones de aire y que lo sueltes lentamente, cierra tus ojos, porque fuera de ti no habrá nada para ver. Hoy quiero que empieces a mirarte por dentro. Que veas el paisaje que habita en ti y tal vez desconoces. Que busques entre los oscuros fantasmas de los miedos, la luz de la valentía, que toques cada imagen del pasado con amor, aun cuando haya telarañas de dolor, eso no pertenece a tu presente; son sólo fotos amarillentas, hojas secas de un camino que ya recorriste. Ríete de esos errores que aparecen en carteles gigantes con luces de neón, libera tu más entrañable carcajada, acaricia la inocencia perdida y vela por los sueños del niño que fuiste. Obsérvate a detalle. Punto por punto. Porque sólo mirando hacia dentro vas a poder comprender que es lo que sucede en el mundo de afuera. Sólo empezando por esta mirada, vas a tener las herramientas necesarias para componer lo que no te agrada. Muchas veces sufrimos decepciones, o nos sentimos frustrados por tal o cual cosa, y enseguida la mano acusadora acribilla contra otros, una lista innumerable de culpables, ajenos a nosotros mismos. Sin embargo, el chivo expiatorio, no te salva de tus propios pecados; porque aun cuando en apariencia salimos airosas, el juez interno no acalla su sentencia. Encuéntrate si quieres encontrar lo que deseas; empieza por ti el cambio auténtico y duradero; ámate si quieres amar, porque todo lo que damos es todo lo que somos. Cómo pretendes dar lo que no sabes que eres o tienes. La verdadera búsqueda comienza por nosotras mismas. Aceptando cada una de nuestras partes, las luces; las virtudes, los valores, y las sombras, esas nefastas partes que muchas veces intentamos ocultar, evitar o rechazar. Somos seres perfectas, porque no estamos exceptuados de pros ni de contra, perfectos en nuestra humanidad, porque siendo hombres y mujeres no tenemos la conducta de los dioses. Y Aceptándonos regresamos al equilibrio de ser uno mismo, de superar la dualidad que nos genera temor, angustia, sufrimiento. Una misma, no es sólo la parte reconfortante de nuestro interior, es la suma de nuestras partes, la que constituye ese todo. ¿Cómo vives cuando intentas disimular tu timidez o cuando te aterra arriesgarte y fracasar? ¿O simulando ser indiferente al amor? ¿Cómo llegas cada noche a tu casa después de haber cargado tantas máscaras? Y no confundas ACEPTACIÓN con resignación, porque en el primer caso, sentirás una paz profunda y sincera, en cambio en la resignación queda un sabor amargo de impotencia. Mirar hacia dentro, es el nombre que escogí para esta columna, porque es un punto en común que tendremos; un punto cardinal para reflexionar acerca de nuestras relaciones, nuestros logros, nuestros sueños, nuestro sentido de la vida. Todo lo que ocurre comienza en nosotras mismas. Y para cerrar este artículo quiero compartirles un cuento que escribí: Cuenta una leyenda, que un día, dos mujeres llegaron a la cima de una montaña. Una era joven y la otra anciana. Ambas llegaron con llagas en las manos, moretones en las piernas, la piel de la cara curtida por el sol, seca como la lengua del desierto, sudadas por el cansancio de andar camino arriba. Mientras caminaban, muchas veces sintieron sed, y no siempre había agua… entonces una de ellas lloraba y la otra bebía de ese llanto y se sentía vigorosa y animada… Otras veces, la otra agitaba las manos, iba y venía, jugaba con el aire, hacía círculos, y soplaba fuerte, fuerte, hasta que llegaban al cielo, y ahí se transformaban en nubes, que agradecidas por el juego regaban gotas para la boca sedienta. Caminaban, y caminaban todo el día… había días de silencios largos y profundos, cómplices, suicidas… Hubo días de risas tumultuosas y duraderas, espontáneas y débiles… pero siempre había días. Y también noches. Oscuras… de ojos abiertos mirando la nada, contemplando la inexistencia de un futuro que cuando uno insiste en ver, se tarda en venir. Noches frías, de ojeras violáceas y de ojos paridos. Noches cálidas, de palabras mágicas. Hubo todo, hubo nada. Siempre variedades, mientras esas dos mujeres subían. A veces corriendo, otras arrastrando los pasos, a veces sentadas… Aquél día, el día en que llegaron a la cima… cuenta la leyenda que la anciana sentía una gran vitalidad en el alma, como si unas mariposas se le hubieran metido en el pecho y revoloteaban por los ríos de su sangre. La más joven, se veía cansada… con los ojos transparentes… -¿Qué te sucede hermana mía? Dijo la anciana, siendo hermana de la vida. - Nada. Contestó la joven, mientras sentada en la cima, con una ramita hacia dibujos en la tierra. - Nada, quién quiere seguir con vida, y no lanzarse a naufragar la mar. Respondió la anciana y continuó: ¿Acaso no estás feliz de haber llegado a la cima de la montaña que tanto sonábamos?… - No es eso… - Continuó la más joven, borrando con sus huellas sus dibujos – Es que tanto camino andado, tanta heridas en el cuerpo, y en el alma… tantas aves depredadoras en el camino, tanto peligro, tanto de tanto, y tan poco de mucho para llegar a la cima… llegar a la cima era lo más anhelado… y ahora… - ¿Y ahora? Preguntó la más anciana… ¡Ahora qué sucede si lo hemos logrado!… - ¡Pero si la cima de esta montaña es simplemente unos cuantos metros arriba de lo largo de nuestros cuerpos! Replicó la joven alzando las manos hacia el cielo. - Es cierto hermana, si desde abajo hubiéramos colocado una escalera, hubiéramos llegado mucho antes y sin tantos riesgos. – Por eso, hermana, me siento un poco frustrada… Confesó la más joven… Es la altura de la cima la que no me deja disfrutar el sueño de haber llegado… - ¿Acaso iniciaste este viaje, para escalar sin detenerte a disfrutar de las cosas que en el camino se nos ha brindado?…. - ¿Brindado? —¿Cuáles cosas?… - Esta quizás sea un montaña muy pequeña, de cima incrédula e irrespetuosa, un burla de cima… pero hemos llegado… y en el camino hemos sorteado muchos desatinos y hemos llegado… pero sobre todas las cosas, pese a las tormentas y a los vientos huracanados, nunca perdimos el rumbo y lo mejor aún… NUNCA NOS HEMOS PERDIDO.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)